Los cuadros descritos en Los cuadernos de don Rigoberto de Mario Vargas Llosa funcionan como detonantes eróticos y reflexiones sobre el arte, integrando la pintura expresionista de Egon Schiele y obras clásicas para alimentar las fantasías del protagonista. Son ecfrasis detalladas que mezclan deseo, erotismo y la superioridad de la ficción sobre la realidad.
